miércoles, septiembre 07, 2011

Paleontología, genética y embriología chocan la mano…y los dedos

La Paleontología cuenta con los fósiles para estudiar los caracteres morfológicos (anatomía) y determinar las relaciones de parentesco entre los organismos que vivieron en el pasado. La Zoología hace lo mismo con los organismos actuales y tiene además herramientas como la genética y la embriología que no pueden aplicarse al estudio de los fósiles. Esto complica a veces las relaciones entre unos y otros investigadores. Los paleontólogos tenemos las llaves del pasado, pero a veces resulta difícil sabe a qué cerradura corresponden. A los genéticos les falta la perspectiva del tiempo y desconocen el registro fósil. Un ejemplo clásico en la diferencia de información que nos daban los fósiles y la embriología son los dedos de las aves. Desde hace años ha habido una polémica por saber cuales eran los dedos de las aves y su homología con los de otros tetrápodos.

Un nuevo estudio publicado en Nature ha desvelado el misterio, que no era tal, ya que los resultados de las dos ciencias parece que estaban en lo cierto. Se trata de una noticia de las que nos gusta destacar porque demuestra que la ciencia no tiene puertas, simplemente hay que aprender a abrirlas y escuchar.
Los caracteres morfológicos son el resultado de la expresión de los genes del desarrollo. En su trabajo, Wang Young, Xue y Wagner utilizan el transcriptoma para identificar las homologías (entendiendo que la homología está ligada a la continuidad en la expresión de los genes reguladores) entre los dedos de las alas de las aves y los de la mano del resto de los vertebrados.

La embriología identifica los tres dedos del ala como II, III y IV (ver figura, los dedos están numerados con dígitos romanos). La Paleontología sin embargo indica que son I, II y III, es decir hasta ahora el desacuerdo estriba en que la Paleontología dice que el ala de las aves tiene pulgar, la embriología sin embargo, que el pulgar se pierde. Al comparar el transcriptoma de mano y pie los autores encuentran unidad entre el dedo I de la mano y del pie, incluso aunque el dedo I del ala se desarrolla a partir de una posición II durante su desarrollo embrionario. Para probarlo identifican también dos genes marcadores del dedo I.
La conclusión de este trabajo es que el dedo I de la mano de los tetrápodos (todos los vertebrados terrestres con manos y pies) y el dedo I del ala de las aves son homólogos, o lo que es igual, son lo mismo. Sin embargo, no hay una correspondencia tan clara con el resto de los dedos.

La referencia completa es: Zhe Wang, Z., Young, R.L., Xue, H. & Wagner, G.P. 2011. Transcriptomic analysis of avian digits reveals conserved and derived digit identities in birds. Nature, doi:10.1038/nature10391.

martes, septiembre 06, 2011

Menudos mordiscos, los de los dinosaurios coreanos


Los huesos de dinosaurios suelen tener marcar de dientes en su superficie, suelen ser pequeñas hendiduras que se interpretan como resultado de los mordiscos realizados por los predadores y/o por carroñeros. Hace unos años describimos un ejemplo bien bonito de la marca de un mordisco en una vértebra caudal de un hadrosaurido de la localidad de Arén (Huesca). Lo que acaba de publicar en la revista holandesa Paleo 3 son las marcas de mordiscos realizadas por dinosaurios terópodos sobre un saurópodo encontrado en Corea.

La gran parte de las marcas de mordiscos de terópodos encontradas en dinosaurios suelen ser puntuales y escasas en surcos. Esto viene a indicar un comportamiento de predador, más que de carroñero. Sin embargo, hay grupos de terópodos gigantes como los tiranosáuridos que para algunos autores serían carroñeros. Hay pocas evidencias en el registro fósil que nos den pistas sobre el comportamiento, y una de ellas es precisamente los marcas en forma de surco encontradas en los huesos. Para el investigador coreano In Sung Paik los grandes surcos encontrados en las vértebras caudales de un saurópodo del Cretácico Inferior de Corea que se ven en la fotografía, son una de esas evidencias.
Se trata de surcos profundos, de un tamaño similar y un patrón paralelo. Se trata de los surcos producidos por un mordisco más grandes que se han descrito en el registro fósil.

Para Paik y colaboradores es una evidencia que un terópodo carroñeo sobre la carcasa de un saurópodo muerto. Des esta manera se aprovechaba por completo de la materia blanda situada junto al hueso. Además de estas grandes marcas, los huesos tienen marcas de menor tamaño, lo que indica que terópodos de diferentes tamaños se aprovechaban de la misma carcasa, de una manera similar a como lo hacen los mamíferos carnívoros actuales.

La referencia completa es: Paik, I.S., Kim, H.Y., Lim, J.D., Lee, Y.I. 2011. Diverse tooth marks on an adult sauropod bone from the Early Cretaceous, Korea: implications in feeding behaviour of theropod dinosaurs. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 309, 342-346.

jueves, septiembre 01, 2011

El primer Achelense

Especialistas en el estudio de la talla de la piedra distinguen diferentes modos de confeccionar la industria lítica a los que llaman tecnocomplejos. El más antiguo y sencillo del registro arqueológico recibe el nombre de Olduvayense (o Modo I). Fue nombrado así por Louis Leakey en un homenaje a la Garganta de Olduvai, la localidad tanzana donde encontró este tipo de industria asociada a fósiles de la especie Homo habilis durante sus excavaciones en los años 50.

El olduvayense es una manera sencilla de tallar la piedra para obtener lascas, cuya manifestación más antigua procede del yacimiento etíope de Gona hace unos 2’5 millones de años. El siguiente tecnocomplejo en la historia de la humanidad se denomina Achelense (o Modo II), en honor de la población francesa de Saint-Acheul, y presenta una mayor complejidad técnica. Está caracterizado por la presencia de herramientas de gran formato talladas bifacialmente, como son las hachas de piedra y los hendedores.

El achelense más antiguo conocido hasta ayer procedía de los yacimientos de Konso Gardula, en Etiopía, y de Olduvai, en Tanzania y estaba datado en alrededor de 1’6 millones de años de antigüedad. La especie humana artífice del achelense es
Homo ergaster (también denominada Homo erectus africano), que apareció en África hace casi 1’8 millones de años, lo que indicaba la existencia de un periodo de unos 200.000 años en los que H. ergaster fabricaba exclusivamente herramientas de Modo 1.

Pues bien, este jueves 1 de septiembre un equipo de científicos estadounidenses y franceses encabezado por Cristopher, J. Lepre publica en Nature los resultados de un estudio efectuado en el yacimiento de la Formación Nachukui denominado Kokiselei 4, en la ribera occidental del Lago Turkana (Kenia). Allí se ha encontrado un extraordinario conjunto de herramientas líticas típicamente achelenses asociadas con una variada fauna entre la que destaca el hipopótamo de gran tamaño
Hippopotamus gorgops. Esta asociación ha sido datada por magnetoestratigrafía en alrededor de 1’78 millones de años. La precisión de la datación, se debe a la afortunada circunstancia de que el final del subcron Olduvai se produjo una serie de rápidas excursiones magnéticas que proporcionan una fina escala magnetoestratigráfíca para esa época.

Este descubrimiento hace coincidir la fecha de aparición del achelense y la de H. ergaster y refuerza la idea de que el achelense era el tecnocomplejo propio de H. ergaster, mientras que el olduvayense sería el característico de H. habilis. En esta línea, no parece probable que hubiera poblaciones de H. ergaster que solo fabricasen herramientas de tipo olduvayense. Fuera de África, es el yacimiento georgiano de Dmanisi el que contiene el registro más antiguo de fósiles humanos. La industria que se encuentra asociada a dichos fósiles humanos es de tipo olduvayense y el conjunto está datado entre hace 1’85 y hace 1’78 millones de años.

Para algunos autores, los fósiles de Dmanisi corresponderían a una población de
H. ergaster que habría salido de África antes de la invención del achelense, cuando se pensaba que había aparecido hace unos 1’6 millones de años. Otros investigadores, en cambio, sostenían que los humanos de Dmanisi correspondían a un tipo humano más primitivo y afín a H. habilis, al que habían denominado como H. georgicus. Los nuevos datos, que envejecen sustancialmente el origen del achelense, refuerzan la idea de que la primera salida de África, representada por los fósiles de Dmanisi con su industria olduvayense, no pudo producirse por H. ergaster sino que tuvo que estar protagonizada por un homínido del tipo de H. habilis.

Referencia completa:
Christopher J. Lepre, Hélène Roche, Dennis V. Kent, Sonia Harmand, Rhonda L. Quinn, Jean-Philippe Brugal, Pierre-Jean Texier, Arnaud Lenoble & Craig S. Feibel (2011). “An earlier origin for the Acheulian.” Nature 477, pp. 82–85.

martes, agosto 30, 2011

Un nuevo estudio de Tehuelchesaurus


En el mundo de los dinosaurios saurópodos hay taxones que son popularmente muy conocidos como el gigantesco Brachiosaurus o Diplodocus con sus largos cuello y cola. En todos los libros de divulgación pueden encontrarse información sobre ellos, pero no solo eso, en las publicaciones científicas suelen ser los dinosaurios más usados en las comparaciones. La razón hay que buscarlas en que son taxones descubiertos en el siglo XIX y que hay esqueletos montados desde hace años. Sin embargo, esto no quiere decir que sean los más importantes desde el punto filogenético, es decir desde el punto de la reconstrucción de la historia evolutiva de los saurópodos. Por eso hoy nos queremos hacer eco de uno de esos desconocidos.

Tehuelchesaurus es un saurópodo desconocido para el gran público, pero es clave para entender la evolución de los saurópodos modernos, los llamados neosaurópodos. Por esta razón nos hacemos eco de la publicación de una revisión de este dinosaurio liderada por José Carballido, un buen amigo de Aragosaurus. Se ha publicado en la prestigiosa revista inglesa The Zoological Journal of the Linnean Society.

Tehuelchesaurus benitezii se trata de parte de un esqueleto de un gran saurópodo recuperado en el Jurásico Superior de la Formación Cañadón Calcáreo en la provincia de Chubut en Patagonia (Argentina). El fósil está compuesto por la serie de vértebras dorsales, parte de los miembros anteriores y posteriores y la cintura pélvica. Inicialmente fue descrito en 1999 por el paleontólogo australiano Thomas Rich y sus colaboradores como cetiosáurido, un grupo de saurópodos primitivos abundantes en el Jurásico Medio de todos los continentes. Sin embargo el nuevo estudio indica que se trata de un neosaurópodo, el clado que agrupa a todos los saurópodos modernos. En su propuesta filogenética lo relaciona con saurópodos como Camarasaurus y Galvesaurus.

Como bien sabéis,
Galvesaurus es un saurópodo del tránsito Jurásico-Cretácico de Galve (Teruel) que describimos hace unos años. El estudio de Carballido demuestra que está emparentado con Tehuelchesaurus. Sin duda, es una prueba más de la conexión patagónica-ibérica que tantas veces os hemos contado en este web. La novedad del nuevo estudio es que incluye taxones distintos de los que tradicionalmente se usan en las propuestas filogenéticas. Así también se incluye a Tastavinsaurus, el otro saurópodo que hemos descrito. Lo interesante es que lo sitúan cerca de Tehuelchesaurus, junto a Janenschia (del Jurásico Superior de Tanzania) y fuera de Titanosauriformes como habíamos propuesto. Esta nueva publicación abre un panorama interesante para conocer como se produjo la radiación de los neosaurópodos al final del Jurásico a nivel global.

La referencia completa es: Carballido, J.L., Rauhut, O.W., Pol, D., Salgado, L. (2011). Osteology and phylogenetic relationships of Tehuelchesaurus benitezii (Dinosauria, Sauropoda) from the Upper Jurassic of Patagonia. The Zoological Journal of the Linnean Society, DOI: 10.1111/j.1096-3642.2011.00723.x

sábado, agosto 27, 2011

Nuevas icnitas de grandes aves y mamíferos en el Mioceno Inferior de la Rioja


Ignacio Díaz Martínez, nuestro aragosaurero de la Universidad de la Rioja acaba de liderar una publicación en la revista argentina Ameghiniana con la descripción de nuevas icnitas de aves y de mamíferos del Mioceno Inferior (Terciario) en la localidad riojana de Cenicero. Las icnitas se encuentran en 14 bloques en los que se ha reconocido 72 de aves, 46 de mamíferos artiodáctilos y 6 de mamíferos perisodáctilos.

La Cuenca del Ebro está situada en el Noroeste de la Península Ibérica. Su forma triangular la define al norte los Pirineos y al sur la Cordillera Ibérica. Esta rellena de sedimentos continentales del Terciario desde el Eoceno Superior. A pesar de su enorme extensión y sus buenos afloramientos son raros los yacimientos con icnitas de tetrápodos. En Aragosaurus hemos estudiado alguno de ellos como el de Fondota en Abiego. La investigación en el yacimiento de Cenicero representa la continuidad de la investigación de las icnitas terciarias riojanas comenzadas con la publicación en el número 27 de Zubía de material de Alcanadre.

El descubrimiento fue una mezcla de azar y de buen trabajo profesional. Durante la prospección arqueológica realizada en el desmonte previo a la construcción de una bodega se encontraron los bloques con las icnitas todos provenientes el mismo nivel estratigráfico. Esto permitio recuperar este valioso patrimonio paleontológico. Los bloques se depositaron en el Museo de Enciso.

La investigación ha permitido diferenciar dos icnotaxones diferentes de aves de gran tamaño. La primera de ellas (fotografía) tienen cuatro dedos (tetradáctilas) se han asignado a Gruipeda cf. máxima. En el trabajo se aigna orden Ciconiiforme, al que pertencen las garzas y cigüeñas (aunque suene raro, gruipeda no tiene nada que ver con las grullas).

Las segundas son tridáctilas y con dedos que no se unen proximalmente. Casi con toda seguridad se trata de un nuevo icnotaxón del orden gruiforme, pero por el momento han preferido no definirlo. En cuanto a los mamíferos, las de artiodáctilo (dos dedos en el pie) son de pequeño tamaño y se han asignado Pecoripeda. Las perisodáctilas (tienen un dedo en el pie) son pequeñas y se han asignado a Hippipeda, y posiblemente estuvieron formadas por pequeños équidos.

La referencia completa es: Díaz-Martínez, I., García Fernández, S., Hernández, J.M., Murelaga, X., Pérez-Lorente, F. 2011. Icnitas de aves y mamíferos del Mioceno temprano de la Rioja (Cuenca del Ebro, España). Ameghiniana, 48, 2, 139-152.

miércoles, agosto 24, 2011

Descubierto el mamífero euterio más antiguo del registro fósil


Acaba de describirse en la revista Nature un excepcional ejemplar de un mamífero del Jurásico de noroeste de China. La investigación está liderada por el famoso paleontólogo Zhe-Xi Luo del Carnegie museum of Natural History de EE.UU. En la publicación también han participado investigadores de la Academia China de Ciencias y el Museo de Historian Natural de Pekin. El nuevo mamífero se ha denominado Juramaia sinensis y representa un nuevo hito en la evolución de los mamíferos modernos al llenar una parte de la historia evolutiva desconocida hasta el momento.

Juramaia sería un pequeño mamífero con un aspecto similar a una musaraña. Proviene de niveles jurásicos, de hace unos 160 millones de años, por lo que convivía con los gigantes y pequeños dinosaurios que dominaban los ecosistemas terrestres en esos momentos. Este diminuto mamífero es el fósil más antiguo conocido de los euterios, el grupo que incluye a los mamíferos placentados. Juramaia no sería el placentado más antiguo como se ha publicado en diferentes webs, sino el ancestro más antiguo a los placentados. Esto nos permite conocer el momento en que se separaron los euterios del resto de mamíferos (metaterios), en los que se incluyen los marsupiales (como los canguros) o los monotremas. Este nuevo descubrimiento baja 35 millones de años el momento en que se pensaba que se dio esta separación.

El nombre de Juramaia sinensis significa “La madre jurásica de China”. El fósil como se puede ver en la fotografía está bastante completo y articulado. Le falta parte del cráneo algunos huesos. Se puede ver la impresión de los tejidos de la piel, incluyendo restos de pelos. Uno de los aspectos que se puede destacar es que el fósil conserva perfectamente los dientes. Esto es importante, porque los dientes es el fósil más habitual de los mamíferos del Mesozoico, y la sistematica se realiza fundamentalmente con ellos. Esto permite una buena comparación de Juramian con el resto de mamíferos, viéndose que sus dientes son más parecidos a los placentados vivientes, que a los de los marsupiales.

Conocer el momento de la evolución de los placentados es uno de los hitos más importantes en la evolución de los mamíferos. El dato de la divergencia evolutiva, cuando una especie ancestral diverge en dos líneas descendientes es una de las piezas de información más importantes para la reconstrucción de la evolución. Estudios modernos de ADN pueden calcularlo por el reloj molecular. Pero este método necesita los datos de los fósiles para poder calibrar correctamente. Hasta la evidencia del ADN sugería que los euterios aparecieron hace 160 millones de años, pero el euterio más antiguo conocido era Eomaia, de hace 125 millones de años. El nuevo descubrimiento de Juramaia acerca más las dos evidencias, y posiblemente nos acerque más a la realidad.

Puesto de trabajo en la Paleontological Research Institution

Os adjuntamos una información que nos ha llegado de un puesto de trabajo en la Paleontological Research Intitution

Research Associates of Paleontological Research Institution are individuals with or without another institutional affiliation who regularly work in or with our collections, and/or collaborate with our staff researchers, and who use this affiliation (i.e., PRI's address) on scientific publications, correspondence, curriculum vitae, scientifically oriented websites, and/or other academic materials. Research Associates are featured on our research website and their publications are included in Annual Reports and similar documents that summarize the research activities of PRI staff members. Each Research Associate is sponsored by a staff researcher, and receives staff-level access to collections, library, and PRI letterhead and webpages for professional use.


Persons interested in Research Associate appointments should provide a current CV and solicit a supporting letter from an appropriate staff researcher stating the mutual benefits of such an appointment. Applications are reviewed and approved by the Science Committee of the PRI Board of Trustees. New appointments are made for three years and are renewable. Submit the application to: Dr. Paula M. Mikkelsen, Associate Director for Science, Paleontological Research Institution, 1259 Trumansburg Road, Ithaca, NY 14850, USA, Tel. 607-273-6623, ext. 20, Fax 607-273-6620, mikkelsen@museumoftheearth.org

See http://www.museumoftheearth.org/research.php?page=905920 for information about current and past Research Associates. Please also visit our website for descriptions of our research collections and current research staff.

domingo, agosto 21, 2011

Los cambios de faunas en los últimos cinco millones a través de las icnitas conservadas en la región pampeana

Cristina Bayón de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca, Argentina) ha liderado un trabajo en el que se ha estudiado el registro paleoicnológico de los últimos cinco millones de años en la costa atlántica argentina en y cerca de los acantilados de Monte Hermoso que hizo famosos Charles Darwin en su libro del Origen de las especies…

En este artículo se hace una puesta al día de la geología y paleontología de una parte la costa atlántica argentina que incluye la zona de los acantilados de Monte Hermoso, donde Charles Darwin en 1932 desarrollo una parte de su famosas investigación a bordo del Beagle. Esta zona es extraordinariamente rica en icnitas pleistocenas de mamíferos, incluyendo humanas, como las de la fotografía. Los investigadores estudian la sucesión de yacimientos paleontológicos y arqueológicos de los últimos cinco millones de años, diferenciando diferentes eventos de evolución.

El primero de ellos se encuentra en los acantilados de Monte Hermoso, en los cuales se encuentra la fauna fósil autóctona de Sudamérica. En el segundo hay un importante cambio, con la entrada de fauna alóctona, debido a un intercambio biótico con Norteamérica. En el resto de secuencia ya hay evidencias de humanos, como indican sus icnitas, siendo abundantes en el Holoceno inferior, lo que indica un asentamiento de las poblaciones humanas en esta parte de la costa pampeana.

La importancia para la historia paleontológica y arqueológica del área que estudian nuestros colegas es grande. Se trata del área de Monte Hermoso que ya fue reconocida en el siglo XIX. En Octubre de 1932, Charles Darwin encontró los primeros restos fósiles en unos níveles estratigráficos que hoy conocemos como Formación Monte Hermoso. Unos pocos días más tarde encontró en Punta Alta, unos 50 kilómetros al oeste, fósiles de grandes mamíferos que llamaron su atención (Megatherium, Mylodon, Toxodon). Para los investigadores de Darwin, el descubrimiento de estos fósiles fue un hecho fundamental en el nacimiento de sus primeras ideas sobre la teoría de la evolución, que luego se desarrollaron en su viaje a las Galápagos, unos años más tarde.

Unos cincuenta años (1887) más tarde, el famoso paleontólogo argentino Florentino Ameghino apunta sobre Monte Hermoso la importancia es la presencia conjunta de evidencias humanas (pedernales, huesos retocados…) y una fauna extinguida. Entre 1906 y 1907 se dio a conocer Tetraprothomo argentinus, considerado como el ancestro de los humanos. Los restos encontrados era un fémur (colectado por Carlos Ameghino) y un atlas. Finalmente en 1910, Florentino publico el descubrimiento de la industria lítica más antigua que denomino “La industria de la Piedra Quebrada” que asigno al Mioceno superior. Desde el comienzo hubo muchas dudas sobre la propuesta de Florentino de estos restos como una nueva especie y sobre su posición estratigráfico, en ambos casos erróneos como se ha visto posteriormente.

La referencia completa es: Bayón, C., Manera, T., Politis, G., Aramayo, S. 2011. Following the tracks of the first south americans. Evol Edu Outreach, 4, 205-217