jueves, septiembre 06, 2012
Disponible el número 15 del Periódico de Atapuerca
Ya está disponible nº15 del Periódico de Atapuerca, publicación mensual de la que 9 de sus 12 números anuales se editan en formato digital y 3 números anuales en formato impreso. El Periódico es una publicación del Equipo de Investigación de Atapuerca y de la Fundación Atapuerca.
En este número nos invitan a conocer algunos de los trabajos de investigación que han proporcionado dos nuevas tesis doctorales enmarcadas en el Proyecto Atapuerca. Además, nos animan a descubrir el nuevo atractivo con que cuentan los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, que hará más interesante y amena la visita. Finalmente, nos recomendan un nuevo libro sobre la evolución de la mente humana, y os proponen visitar un Parque sobre Prehistoria en Asturias.
Te lo puedes descargar en http://www.atapuerca.com/septiembre2012/index.html.
lunes, septiembre 03, 2012
Impresion de piel de un reptil triásico
Los aragosaureros están que no paran.
Acaba de salir publicado un trabajo liderado por Ignacio Díaz Martínez (Ina)
de la Universidad de la Rioja sobre la primera icnita mesozoica que se
publico en nuestro país. Se trata de un molde de una pisada de un reptil
triásico que conserva la impresión de la piel. Una verdadera maravilla.
En el trabajo también ha participado Adán Pérez de la Universidad
Complutense de Madrid.
Salvador Calderón y Arana publicó en 1897 esta icnita, lo que suponía la primera cita de una icnita de vertebrado en nuestro país. Lo describe como un pie petrificado de un gran animal. El ejemplar se había recogido en los niveles del Buntsandstein (Triásico Inferior) de Rillo de Gallo (Guadalajara). El nivel concreto se desconoce pero podría venir de la Formación arcillas y areniscas de Rillo (Anisiense medio-Landiense). Se trata de una icnita izquierda aislada que Calderón clasifico como “Cheirotherium sp.” Este ejemplar histórico ha sido citado posteriormente en muchos trabajos pero no había sido estudiado en detalle. Se encuentra depositado en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, lo que he permitido a nuestros colegas hacer una descripción en detalle. Además realizan un análisis de la bibliografía de las icnitas descritas similares citadas en España.
Salvador Calderón y Arana publicó en 1897 esta icnita, lo que suponía la primera cita de una icnita de vertebrado en nuestro país. Lo describe como un pie petrificado de un gran animal. El ejemplar se había recogido en los niveles del Buntsandstein (Triásico Inferior) de Rillo de Gallo (Guadalajara). El nivel concreto se desconoce pero podría venir de la Formación arcillas y areniscas de Rillo (Anisiense medio-Landiense). Se trata de una icnita izquierda aislada que Calderón clasifico como “Cheirotherium sp.” Este ejemplar histórico ha sido citado posteriormente en muchos trabajos pero no había sido estudiado en detalle. Se encuentra depositado en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, lo que he permitido a nuestros colegas hacer una descripción en detalle. Además realizan un análisis de la bibliografía de las icnitas descritas similares citadas en España.
El mundo del Triásico supuso una gran radiación de los reptiles, además de los dinosaurios evolucionaron muchos otros grupos que no tuvieron su éxito evolutivo. Las icnitas de quirotéridos pertenecen a uno de esos reptiles. Se ha especulado mucho sobre sus productores. Serían animales cuadrúpedos relacionados con los tecodontos, o similares. En los últimos años se ha apuntado que podían ser miembros del clado Crurotarsi, son un grupo de archosauriformes que hoy en día incluye a los cocodrilos. Este nombre ya no es más familiar.
El Triásico español, tanto de icnitas, como de huesos es un gran desconocido en comparación con otros lugares. Fósiles interesantes hay, afloramientos con posibilidades también existen, sin duda nuestro país puede ayudar en solucionar estos problemas sobre el productor de las icnitas de quirotéridos...
La referencia completa es: Díaz-Martínez, I., Pérez-García, A. 2012. Historical and comparative study of the first spanish vertebrate paleoichnological record and bibliographic review of the spanish chiroteriid footprints. Ichnos 19, 141-149.
domingo, septiembre 02, 2012
Milonga para una niña
Cuando Silvia me propuso
hacer una entrada para el blog Tierra de Dinosaurios sobre una canción
que relacionará con algo paleontológico, no lo pensé ni por un momento
elegí a Alfredo Zitarrosa. Es un cantautor uruguayo muy conocido en
Sudamérica fallecido en 1989. Sus canciones populares tienen poco que
ver con la Paleontología, pero entonces cual es razón de elegir Milonga
para una niña, una de sus canciones más conocidas.
La historia comienza en la localidad de Agrío del Medio, poco más que unas casas situadas junto al río Agrío (Neuquén, Argentina). En esta parte del Norte de la Patagonia aflora una potente serie de sedimentos del Cretácico Inferior de la Formación Rayoso. Durante tres años estuvimos prospectando y excavando los restos de dinosaurio de esta formación. Tuvimos la suerte de encontrar un yacimiento con un ejemplar articulado de un saurópodo rebaquisáurido, pariente lejano de Demandasaurus. Se encontraba conservado en una dura arenisca que durante quince días estuvimos picando y picando hasta diferenciar un bloque enorme con una serie vertical articulada.
La mayor parte de la campaña estuvimos tres paleontólogos, además del que escribe, Leonardo Salgado (Universidad de Río Negro y Conicet) y José Carballido (Museo Egidio Feruglio y Conicet). Se hace largo picar y picar, por lo que José empezó a poner música que tenía en su teléfono móvil. El único problema es que solo tenía canciones de Alfredo Zitarrosa. Tengo que confesar que no lo conocía, pero la música popular siempre me ha gustado. Una y otra vez escuchábamos sus canciones como la de Milonga para una niña. Pudimos escuchar cientos de veces sus poesías, sus canciones bajo implacable sol patagónico. Fue tal empacho de Zitarrosa que llegamos a aprendernos de memoria la poco más de una docena de canciones que dormían en el teléfono móvil de José.
José Ignacio Canudo
miércoles, agosto 29, 2012
Llega un nuevo dinosaurio de Galve: El pequeño ornitópodo Gideonmantellia
El grupo de investigación Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza
acaba de describir en la revista Palevol el nuevo dinosaurio Gideonmantellia amosanjuanae procedente de la famosa localidad turolense Galve. Se trata del cuarto dinosaurio descrito en Galve (tras Aragosaurus, Galvesaurus y Delapparentia),
lo que la hace la más importante en Europa continental en cuanto a
número de dinosaurios (sin contar las aves) descritos en una misma
localidad.
Gideonmantellia se conoce exclusivamente por el ejemplar de Galve compuesto por 104 restos de un único individuo, siendo el individuo de dinosaurio ornitópodo más completo de nuestro país. Se han encontrado vértebras, parte de la cadera y del miembro trasero, incluyendo un pie prácticamente completo. No se recuperó nada del cráneo, pero dientes aislados de otros yacimientos podrían pertenecer a este dinosaurio. Se trata del dinosaurio comedor de plantas más pequeño descrito en nuestro país. La reconstrucción realizada a partir de los huesos conservados permite apuntar una longitud de más de un metro. El ejemplar es inmaduro, y no habría dejado totalmente de crecer, por lo que el adulto podría ser algo mayor y llegar a los 2 metros y pesar unos 20 kgs. Acostumbrados a dinosaurios gigantes, este pequeño dinosaurio es una novedad en nuestro país y nos permiten tener una visión del mundo del mesozoico donde grandes y pequeños vertebrados.
Los fósiles de Gideonmantellia fueron encontrados en el año 1982 por José María Herrero junto a su hijo Jesús en unas arcillas rojas del yacimiento Poyales Barranco Canales. José María, recientemente fallecido, es el alma mater del descubrimiento de muchos de los fósiles de dinosaurio de Galve, que le han dado merecida fama a este pequeño pueblo de Teruel. Gideonmantellia se encontró en unas arcillas rojas del Cretácico Inferior (Barremiense inferior), de una antigüedad de unos 130 millones de años. Se trata del segundo dinosaurio de esta edad descrito en nuestro país, el primero también se encontró en Galve (Delapparentia) y fue estudiado por José Ignacio Ruiz Omeñaca. Los restos de Gideonmantellia recuperados por José María y estudiados por la UZ son los únicos que se conocen, ya que el yacimiento fue destruido por la labor de una mina cercana de extracción de arcillas. Desde hace más de 15 años, los fósiles se encuentran expuestos en el Museo de Galve, donde se le conoce como “El Hipsi de Galve”.
La ausencia de la cabeza ha hecho difícil estudiar a Gideonmantellia. Estudios anteriores han clasificado a este dinosaurio con nombres de especies conocidas en otras partes de Europa, la más significativa es con una de la Isla de Wight (Inglaterra) llamada Hypsilophodon. Sin embargo la investigación de la UZ ha permitido descubrir que en realidad se trata de un dinosaurio nuevo, al presentar una morfología única en los huesos de la cadera y del comienzo de la cola, no descrita en ningún otro dinosaurio. Pertenece a un grupo de dinosaurios comedores de plantas llamados ornitópodos. Gideonmantellia sería un ágil y veloz dinosaurio, con un miembro trasero adaptado a correr rápido, fundamental para poder escaparse de los depredadores al carecer de ningún escudo defensivo. Salvando las distancias, sería como una gacela del Cretácico.
El nombre de Gideonmantellia amosanjuanae es un homenaje a Gideon Mantell, naturalista inglés y uno de los padres de la investigación en dinosaurios. Mantell vivió en el siglo XIX y fue el primero en describir y figurar un fósil de “hipsilofodóntido en 1849. La segunda parte del nombre amosanjuanae honra a la joven investigadora María Olga Amo Sanjuán del grupo Aragosaurus que falleció por enfermedad en octubre del 2002 durante la realización de su tesis doctoral sobre las cáscaras de huevo del Cretácico Inferior de Galve.
La referencia completa de la publicación es:
Ruiz-Omeñaca, J.I., Canudo, J.I., Cuenca-Bescós, G., Cruzado-Caballero, P., Gasca, J.M., Moreno-Azanza, M. 2012. A new basal ornithopod dinosaur from the Barremian of Galve, Spain. Palevol. Doi : 10.1016/j.crpv.2012.06.001
Gideonmantellia se conoce exclusivamente por el ejemplar de Galve compuesto por 104 restos de un único individuo, siendo el individuo de dinosaurio ornitópodo más completo de nuestro país. Se han encontrado vértebras, parte de la cadera y del miembro trasero, incluyendo un pie prácticamente completo. No se recuperó nada del cráneo, pero dientes aislados de otros yacimientos podrían pertenecer a este dinosaurio. Se trata del dinosaurio comedor de plantas más pequeño descrito en nuestro país. La reconstrucción realizada a partir de los huesos conservados permite apuntar una longitud de más de un metro. El ejemplar es inmaduro, y no habría dejado totalmente de crecer, por lo que el adulto podría ser algo mayor y llegar a los 2 metros y pesar unos 20 kgs. Acostumbrados a dinosaurios gigantes, este pequeño dinosaurio es una novedad en nuestro país y nos permiten tener una visión del mundo del mesozoico donde grandes y pequeños vertebrados.
Los fósiles de Gideonmantellia fueron encontrados en el año 1982 por José María Herrero junto a su hijo Jesús en unas arcillas rojas del yacimiento Poyales Barranco Canales. José María, recientemente fallecido, es el alma mater del descubrimiento de muchos de los fósiles de dinosaurio de Galve, que le han dado merecida fama a este pequeño pueblo de Teruel. Gideonmantellia se encontró en unas arcillas rojas del Cretácico Inferior (Barremiense inferior), de una antigüedad de unos 130 millones de años. Se trata del segundo dinosaurio de esta edad descrito en nuestro país, el primero también se encontró en Galve (Delapparentia) y fue estudiado por José Ignacio Ruiz Omeñaca. Los restos de Gideonmantellia recuperados por José María y estudiados por la UZ son los únicos que se conocen, ya que el yacimiento fue destruido por la labor de una mina cercana de extracción de arcillas. Desde hace más de 15 años, los fósiles se encuentran expuestos en el Museo de Galve, donde se le conoce como “El Hipsi de Galve”.
La ausencia de la cabeza ha hecho difícil estudiar a Gideonmantellia. Estudios anteriores han clasificado a este dinosaurio con nombres de especies conocidas en otras partes de Europa, la más significativa es con una de la Isla de Wight (Inglaterra) llamada Hypsilophodon. Sin embargo la investigación de la UZ ha permitido descubrir que en realidad se trata de un dinosaurio nuevo, al presentar una morfología única en los huesos de la cadera y del comienzo de la cola, no descrita en ningún otro dinosaurio. Pertenece a un grupo de dinosaurios comedores de plantas llamados ornitópodos. Gideonmantellia sería un ágil y veloz dinosaurio, con un miembro trasero adaptado a correr rápido, fundamental para poder escaparse de los depredadores al carecer de ningún escudo defensivo. Salvando las distancias, sería como una gacela del Cretácico.
El nombre de Gideonmantellia amosanjuanae es un homenaje a Gideon Mantell, naturalista inglés y uno de los padres de la investigación en dinosaurios. Mantell vivió en el siglo XIX y fue el primero en describir y figurar un fósil de “hipsilofodóntido en 1849. La segunda parte del nombre amosanjuanae honra a la joven investigadora María Olga Amo Sanjuán del grupo Aragosaurus que falleció por enfermedad en octubre del 2002 durante la realización de su tesis doctoral sobre las cáscaras de huevo del Cretácico Inferior de Galve.
La referencia completa de la publicación es:
Ruiz-Omeñaca, J.I., Canudo, J.I., Cuenca-Bescós, G., Cruzado-Caballero, P., Gasca, J.M., Moreno-Azanza, M. 2012. A new basal ornithopod dinosaur from the Barremian of Galve, Spain. Palevol. Doi : 10.1016/j.crpv.2012.06.001
viernes, agosto 24, 2012
‘Parque Jurásico’, una dosis de acción para un paleontólogo inquieto
La Agencia Sinc, especializada en noticias científicas acaba de publicar
una reseña del libro Parque Jurásico que ha hecho nuestro aragosaurero
José Ignacio Canudo. No es que se trata de un agujero temporal y nos
vayamos 20 años atrás. Es más sencillo, la agencia SINC está haciendo
aportaciones de investigadores sobre libros que hayan sido importantes
en su vida profesional. Toda la reseña en SiNC.
Os adjuntamos parte del texto a continuación.
Las sensaciones que produce un libro son el resultado del propio libro y, sin duda, de la situación del lector. Puede pasar desapercibido, como uno más, o producir una profunda huella. Un buen ejemplo fue para mí Parque Jurásico, la famosa novela de Michel Crichton que ha generado una de las sagas más famosas del cine.
A comienzo de la década de los noventa
acababa de defender mi tesis sobre foraminíferos planctónicos fósiles,
un grupo de organismos microscópicos de gran interés para la geología,
pero un poco carente de acción para un paleontólogo inquieto. Era el
momento del cambio, mi línea de investigación debía modificarse por
completo. Los vertebrados fósiles siempre me habían interesado, pero
hasta ese momento solo los había abordado en colaboración con otros
investigadores.
En ese escenario, aparecieron los dinosaurios. Aragón es un territorio con grandes afloramientos de sedimentos continentales del Mesozoico, los lugares adecuados para encontrar representantes en este grupo. En nuestro país no existía tradición de investigar dinosaurios. En términos ecológicos, se trataba de un nicho por ocupar… y en eso llegó Parque Jurásico.
Desde chico siempre fui un enamorado de la ciencia ficción, y todo lo que llegaba a mis manos lo devoraba con fruición. El punto de inflexión de una buena historia de este género es que el lector se lo crea. Se trata de crear un marco científico que sea creíble. Para mí, ese es el gran acierto de la obra de Michel Crichton: la novela parte de una genialidad, como es la de recuperar material genético de mosquitos atrapados en ámbar para revivir algunas especies de dinosaurios.
Hay imprecisiones, como que el ámbar de donde se obtiene no es de la época de los dinosaurios, o que los animales actuales usados como base para reconstruir el genoma de dinosaurio no son los más adecuados. Todo esto queda para la ficción y no es lo importante. El lector queda enganchado con la imagen de un mosquito picando a un Tyrannosaurus rex, poco después atrapado en una masa viscosa de resina, para, millones de años después, recuperar su valiosa carga de ADN.
Es difícil saber si esta lectura fue el empujón definitivo para el inicio de mi investigación en dinosaurios, pero sin duda algo tuvo que ver. En la actualidad el grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza, que coordino junto a la profesora Gloria Cuenca, es uno de los más dinámicos de nuestro país. Hemos encontrado, excavado y descrito casi una docena de nuevos dinosaurios en España y la Patagonia argentina, además de pequeños mamíferos, cocodrilos, tiburones y todos los demás vertebrados que vivieron en el Mesozoico.
La investigación en dinosaurios tiene una parte importante aventurera, sobre todo cuando se trabaja en parajes deshabitados como es el desierto patagónico. Encontrar fósiles de estos titanes es una de las mayores satisfacciones que he obtenido en mi trabajo de paleontólogo. Una de las preguntas que surgen en las conferencias es cómo se encuentran y ahí es donde aparece el espíritu “Indiana Jones”. Afortunadamente no me ha tocado pelear con ningún nazi, ni con una peligrosa tribu desconocida, pero sí pasar muchas horas andando por el desierto con el martillo de geólogo, agua y un poco de fruta.
Los fósiles de dinosaurios son difíciles de encontrar, y cuando lo haces suelen ser pequeñas astillas que dan la pista de una carcasa enterrada para excavar. El momento de encontrar por primera vez los restos de un dinosaurio que lleva enterrado más de 100 millones de años es algo mágico. Cada vez que sucede me emociono, y, ahora que nadie nos escucha, suelo saltar y gritar. Luego vendrá la tediosa búsqueda de fondos, la excavación, la preparación, el estudio y la publicación en una revista científica. A partir de ese momento comienza la divulgación. En definitiva, es sentirse un poquito de Parque Jurásico.
En el tintero se me quedaba una última reflexión sobre este libro. La imagen tradicional de los dinosaurios antes de la década de 1990 era de animales pesados, poco inteligentes, y así se reflejaba en las reconstrucciones. Los trabajos de algunos paleontólogos como John Ostrom nos presentaron un escenario muy diferente.
Ostrom fue el descubridor de Deinonychus, un pariente cercano de Velociraptor, una de las estrellas de Parque Jurásico. Propuso que eran animales ágiles y dinámicos, lo que uno esperaría en un predador activo. Esta idea fue bien llevada por parte de Crichton en la novela y de Spielberg en su saga cinematográfica. El descubrimiento de los dinosaurios como animales activos, con sus necesidades, con sus comportamientos estructurados, en definitiva, como animales que han poblado la tierra como los actuales. La única diferencia es que se han extinguido.
En ese escenario, aparecieron los dinosaurios. Aragón es un territorio con grandes afloramientos de sedimentos continentales del Mesozoico, los lugares adecuados para encontrar representantes en este grupo. En nuestro país no existía tradición de investigar dinosaurios. En términos ecológicos, se trataba de un nicho por ocupar… y en eso llegó Parque Jurásico.
Desde chico siempre fui un enamorado de la ciencia ficción, y todo lo que llegaba a mis manos lo devoraba con fruición. El punto de inflexión de una buena historia de este género es que el lector se lo crea. Se trata de crear un marco científico que sea creíble. Para mí, ese es el gran acierto de la obra de Michel Crichton: la novela parte de una genialidad, como es la de recuperar material genético de mosquitos atrapados en ámbar para revivir algunas especies de dinosaurios.
Hay imprecisiones, como que el ámbar de donde se obtiene no es de la época de los dinosaurios, o que los animales actuales usados como base para reconstruir el genoma de dinosaurio no son los más adecuados. Todo esto queda para la ficción y no es lo importante. El lector queda enganchado con la imagen de un mosquito picando a un Tyrannosaurus rex, poco después atrapado en una masa viscosa de resina, para, millones de años después, recuperar su valiosa carga de ADN.
Es difícil saber si esta lectura fue el empujón definitivo para el inicio de mi investigación en dinosaurios, pero sin duda algo tuvo que ver. En la actualidad el grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza, que coordino junto a la profesora Gloria Cuenca, es uno de los más dinámicos de nuestro país. Hemos encontrado, excavado y descrito casi una docena de nuevos dinosaurios en España y la Patagonia argentina, además de pequeños mamíferos, cocodrilos, tiburones y todos los demás vertebrados que vivieron en el Mesozoico.
La investigación en dinosaurios tiene una parte importante aventurera, sobre todo cuando se trabaja en parajes deshabitados como es el desierto patagónico. Encontrar fósiles de estos titanes es una de las mayores satisfacciones que he obtenido en mi trabajo de paleontólogo. Una de las preguntas que surgen en las conferencias es cómo se encuentran y ahí es donde aparece el espíritu “Indiana Jones”. Afortunadamente no me ha tocado pelear con ningún nazi, ni con una peligrosa tribu desconocida, pero sí pasar muchas horas andando por el desierto con el martillo de geólogo, agua y un poco de fruta.
Los fósiles de dinosaurios son difíciles de encontrar, y cuando lo haces suelen ser pequeñas astillas que dan la pista de una carcasa enterrada para excavar. El momento de encontrar por primera vez los restos de un dinosaurio que lleva enterrado más de 100 millones de años es algo mágico. Cada vez que sucede me emociono, y, ahora que nadie nos escucha, suelo saltar y gritar. Luego vendrá la tediosa búsqueda de fondos, la excavación, la preparación, el estudio y la publicación en una revista científica. A partir de ese momento comienza la divulgación. En definitiva, es sentirse un poquito de Parque Jurásico.
En el tintero se me quedaba una última reflexión sobre este libro. La imagen tradicional de los dinosaurios antes de la década de 1990 era de animales pesados, poco inteligentes, y así se reflejaba en las reconstrucciones. Los trabajos de algunos paleontólogos como John Ostrom nos presentaron un escenario muy diferente.
Ostrom fue el descubridor de Deinonychus, un pariente cercano de Velociraptor, una de las estrellas de Parque Jurásico. Propuso que eran animales ágiles y dinámicos, lo que uno esperaría en un predador activo. Esta idea fue bien llevada por parte de Crichton en la novela y de Spielberg en su saga cinematográfica. El descubrimiento de los dinosaurios como animales activos, con sus necesidades, con sus comportamientos estructurados, en definitiva, como animales que han poblado la tierra como los actuales. La única diferencia es que se han extinguido.
miércoles, agosto 22, 2012
Dinosaurios de Allepuz
Nuestro aragosaurero José Manuel Gasca acaba de publicar un trabajo de
divulgación en la Revista Peirón sobre los vertebrados del Mesozoico de
la localidad turolense de Allepuz (Teruel). Os adjuntamos parte del
texto y el pdf del trabajo.
Los restos pertenecen a dinosaurios terópodos (carnívoros) y ornitópodos (herbívoros). Además hay restos de otros vertebrados fósiles como son cocodrilos, tortugas, peces óseos y tiburones. El fósil de mayor tamaño que se ha recuperado es una tibia de dinosaurio ornitópodo. Los restos se recolectaron en superficie y, por desgracia, el prolongado tiempo de exposición a la intemperie ha ocasionado que solo fueran recuperables parcialmente…. Este hueso largo de la pata podría tener una longitud completa en torno a un metro y la forma del hueso permite relacionarla con un tipo de dinosaurio ornitópodo iguanodonte. Los iguanodontes, animales herbívoros que alcanzaban tallas de unos 10 o 12 metros de longitud, son un grupo de dinosaurios muy frecuentes en el Cretácico Inferior de Teruel.
En otros dos yacimientos se han recuperado, respectivamente, un diente aislado de otro dinosaurio iguanodonte y un fragmento de diente de un dinosaurio terópodo. El diente terópodo tiene una forma cónica, de colmillo y en la superficie del esmalte tiene una ornamentación característica a base de crestas verticales que recorren las caras de la corona dental desde la punta hasta la raíz. Esta ornamentación junto con la inclinación de la punta del diente hacia atrás nos permite identificar este fósil como perteneciente a un dinosaurio terópodo espinosáurido. Los espinosáuridos eran carnívoros de gran tamaño que guardan ciertas semejanzas morfológicas en el rostro y en los dientes con los
cocodrilos…
Los dinosaurios no son los únicos restos de vertebrados fósiles presentes en los
yacimientos de Allepuz… Se tratan de microfósiles que solo se pueden recuperar
mediante el muestro de sedimento y un laborioso proceso de lavado y tamizado en el laboratorio. Estos microfósiles se separan y se estudian a través del microscopio. En los sedimentos de Allepuz se ha reconocido una importante diversidad de vertebrados. Los cocodrilos de varios tipos y tamaños son muy frecuentes. Los dientes y escamas de peces son restos abundantes y al ser resistentes tienen un gran potencial para preservarse. Además también serían comunes los tiburones de agua dulce, pertenecientes a un grupo fósil que se denominan hibodontiformes. En conjunto, el estudio de esta fauna fósil nos proporciona valiosa información para conocer mejor como era el paleoambiente en el que vivieron los dinosaurios y el resto de formas.
Todavía es pronto para valorar el verdadero potencial de los yacimientos de dinosaurios de Allepuz. Los fósiles recuperados hasta el momento deben considerarse como indicio importante de la presencia de más restos en estos mismos yacimientos o en terrenos aledaños. Las expectativas son buenas, aunque la posibilidad de que los hallazgos paleontológicos de esta región tengan una repercusión notable pasa únicamente por continuar la labor de investigación y desarrollar nuevas campañas de prospecciones y excavaciones. Nos estamos acostumbrando mal en Aragón a convivir con noticias frecuentes sobre reptiles ancestrales que salen a la luz. Confiemos en que siga siendo así. Hueso a hueso estamos desvelando que esta tierra contiene un patrimonio paleontológico único que trasciende lo material y que los dinosaurios se están convirtiendo en un activo.
Los restos pertenecen a dinosaurios terópodos (carnívoros) y ornitópodos (herbívoros). Además hay restos de otros vertebrados fósiles como son cocodrilos, tortugas, peces óseos y tiburones. El fósil de mayor tamaño que se ha recuperado es una tibia de dinosaurio ornitópodo. Los restos se recolectaron en superficie y, por desgracia, el prolongado tiempo de exposición a la intemperie ha ocasionado que solo fueran recuperables parcialmente…. Este hueso largo de la pata podría tener una longitud completa en torno a un metro y la forma del hueso permite relacionarla con un tipo de dinosaurio ornitópodo iguanodonte. Los iguanodontes, animales herbívoros que alcanzaban tallas de unos 10 o 12 metros de longitud, son un grupo de dinosaurios muy frecuentes en el Cretácico Inferior de Teruel.
En otros dos yacimientos se han recuperado, respectivamente, un diente aislado de otro dinosaurio iguanodonte y un fragmento de diente de un dinosaurio terópodo. El diente terópodo tiene una forma cónica, de colmillo y en la superficie del esmalte tiene una ornamentación característica a base de crestas verticales que recorren las caras de la corona dental desde la punta hasta la raíz. Esta ornamentación junto con la inclinación de la punta del diente hacia atrás nos permite identificar este fósil como perteneciente a un dinosaurio terópodo espinosáurido. Los espinosáuridos eran carnívoros de gran tamaño que guardan ciertas semejanzas morfológicas en el rostro y en los dientes con los
cocodrilos…
Los dinosaurios no son los únicos restos de vertebrados fósiles presentes en los
yacimientos de Allepuz… Se tratan de microfósiles que solo se pueden recuperar
mediante el muestro de sedimento y un laborioso proceso de lavado y tamizado en el laboratorio. Estos microfósiles se separan y se estudian a través del microscopio. En los sedimentos de Allepuz se ha reconocido una importante diversidad de vertebrados. Los cocodrilos de varios tipos y tamaños son muy frecuentes. Los dientes y escamas de peces son restos abundantes y al ser resistentes tienen un gran potencial para preservarse. Además también serían comunes los tiburones de agua dulce, pertenecientes a un grupo fósil que se denominan hibodontiformes. En conjunto, el estudio de esta fauna fósil nos proporciona valiosa información para conocer mejor como era el paleoambiente en el que vivieron los dinosaurios y el resto de formas.
Todavía es pronto para valorar el verdadero potencial de los yacimientos de dinosaurios de Allepuz. Los fósiles recuperados hasta el momento deben considerarse como indicio importante de la presencia de más restos en estos mismos yacimientos o en terrenos aledaños. Las expectativas son buenas, aunque la posibilidad de que los hallazgos paleontológicos de esta región tengan una repercusión notable pasa únicamente por continuar la labor de investigación y desarrollar nuevas campañas de prospecciones y excavaciones. Nos estamos acostumbrando mal en Aragón a convivir con noticias frecuentes sobre reptiles ancestrales que salen a la luz. Confiemos en que siga siendo así. Hueso a hueso estamos desvelando que esta tierra contiene un patrimonio paleontológico único que trasciende lo material y que los dinosaurios se están convirtiendo en un activo.
martes, agosto 14, 2012
Sobre la presencia fósiles del ratón de los Abedules en la Península ibérica
Nuestros aragosaureros Juan Rofes y Gloria Cuenca Bescós, en
colaboración con varios investigadores de la Universidad del País Vasco
UPV-EHU, acaban de publicar, en la prestigiosa revista “Palaeogeography,
Palaeoclimatology, Palaeoecology”, el hallazgo del primer resto de la
especie Sicista betulina (ratón de los abedules) en la Península
Ibérica, que coincide con ser además el registro más al suroeste del
género Sicista en el continente eurasiático.
El fósil procede del conocido yacimiento de Lezetxiki (Arrasate, País Vasco), datado a comienzos del Pleistoceno Tardío (MIS 5) y famoso por el hallazgo de restos humanos y de piezas líticas de manufactura neandertal, así como de una rica asociación faunística que incluye uno de los últimos ejemplares europeos de macaco (Macaca sylvannus) y el primer registro de glotón (Gulo gulo) en la Península Ibérica. Sicista es un taxón que aparece con relativa frecuencia en yacimientos cuaternarios, aunque nunca en abundancia debido a causas ecológicas y tafonómicas. A la luz del nuevo descubrimiento, en este artículo se hace una revisión exhaustiva de la paleogeografía y la paleoecología del género en Europa.
Tres especies del género Sicista habitaron el subcontinente europeo a partir del Pleistoceno Temprano, dos de ellas recientes, S. betulina y S. subtilis, y una extinta, S. praeloriger. La distribución Paleártica del género en la actualidad, que va desde el este de Europa hasta el lago Baïkal en Asia central, pone de manifiesto su marcada preferencia por las taigas y los ambientes esteparios.
Las pulsaciones frías del Pleistoceno permitieron a Sicista llegar tan al sur como la Isla de Chios en el mar Egeo (Pleistoceno Medio), y tan al oeste como Lezetxiki en la Península Ibérica (Pleistoceno Tardío). El ambiente frío y relativamente húmedo, con amplio dominio de praderas y bosques de coníferas, inferido de la asociación paleobiológica de Lezetxiki, habría resultado ideal para Sicista betulina dadas sus preferencias ecológicas actuales.
La referencia completa del artículo es:
Rofes, J., García-Ibaibarriaga, N., Murelaga, X., Arrizabalaga, A., Iriarte, M.J., Cuenca-Bescós, G., Villaluenga, A. 2012. The southwestern record of Sicista (Mammalia; Dipodidae) in Eurasia, with a review of the palaeogeography and palaeoecology of the genus in Europe. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 348-449: 67-73.
El fósil procede del conocido yacimiento de Lezetxiki (Arrasate, País Vasco), datado a comienzos del Pleistoceno Tardío (MIS 5) y famoso por el hallazgo de restos humanos y de piezas líticas de manufactura neandertal, así como de una rica asociación faunística que incluye uno de los últimos ejemplares europeos de macaco (Macaca sylvannus) y el primer registro de glotón (Gulo gulo) en la Península Ibérica. Sicista es un taxón que aparece con relativa frecuencia en yacimientos cuaternarios, aunque nunca en abundancia debido a causas ecológicas y tafonómicas. A la luz del nuevo descubrimiento, en este artículo se hace una revisión exhaustiva de la paleogeografía y la paleoecología del género en Europa.
Tres especies del género Sicista habitaron el subcontinente europeo a partir del Pleistoceno Temprano, dos de ellas recientes, S. betulina y S. subtilis, y una extinta, S. praeloriger. La distribución Paleártica del género en la actualidad, que va desde el este de Europa hasta el lago Baïkal en Asia central, pone de manifiesto su marcada preferencia por las taigas y los ambientes esteparios.
Las pulsaciones frías del Pleistoceno permitieron a Sicista llegar tan al sur como la Isla de Chios en el mar Egeo (Pleistoceno Medio), y tan al oeste como Lezetxiki en la Península Ibérica (Pleistoceno Tardío). El ambiente frío y relativamente húmedo, con amplio dominio de praderas y bosques de coníferas, inferido de la asociación paleobiológica de Lezetxiki, habría resultado ideal para Sicista betulina dadas sus preferencias ecológicas actuales.
La referencia completa del artículo es:
Rofes, J., García-Ibaibarriaga, N., Murelaga, X., Arrizabalaga, A., Iriarte, M.J., Cuenca-Bescós, G., Villaluenga, A. 2012. The southwestern record of Sicista (Mammalia; Dipodidae) in Eurasia, with a review of the palaeogeography and palaeoecology of the genus in Europe. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 348-449: 67-73.
domingo, agosto 05, 2012
Recorriendo La Patagonia II
Continuamos con el relato de los estudios desarrollados por
Miguel Moreno-Azanza en su viaje por el continente americano.
La Universidad Nacional de Rio Negro presenta varias sedes
distribuidas por la provincia argentina. Una de sus sedes se encuentra en la
ciudad de Bariloche, conocida por ser un famoso destino turístico y por la gran
cantidad de centros científicos que condensa, con tres universidades y el
famoso Centro Atómico, referente en ingeniería Nuclear y Física Nuclear a
escala mundial. Durante su breve estancia en la sede de Bariloche, Miguel tuvo
la oportunidad de conocer a la Dra. Mariela Fernández, que ha estudiado el
registro de huevos de las oofamilias Megaloolithidae, Faveoloolithidae y
Elongatoolihidae en el territorio argentino.
Contemplar estos materiales de primera mano, con los cortes delgados que utilizo Mariela para su tesis doctoral, ha sido de gran utilidad para comprender el registro de estos grupos. Además, los trabajos de Mariela tanto en el uso de la cathodoluminescencia como las técnicas estadísticas utilizadas para diferenciar diferentes tipos de cáscara pueden ser aplicados directamente para dilucidar algunas de las cuestiones clave de la tesis de Miguel. Incluso hubo tiempo de una pequeña escapada para admirar los formidables modelados glaciares de la zona (la paleontología esta bien, pero a uno le tira su formación geológica).
Contemplar estos materiales de primera mano, con los cortes delgados que utilizo Mariela para su tesis doctoral, ha sido de gran utilidad para comprender el registro de estos grupos. Además, los trabajos de Mariela tanto en el uso de la cathodoluminescencia como las técnicas estadísticas utilizadas para diferenciar diferentes tipos de cáscara pueden ser aplicados directamente para dilucidar algunas de las cuestiones clave de la tesis de Miguel. Incluso hubo tiempo de una pequeña escapada para admirar los formidables modelados glaciares de la zona (la paleontología esta bien, pero a uno le tira su formación geológica).
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