miércoles, diciembre 28, 2011

La vértebra del dinosaurio saurópodo de Noreña


Los restos óseos de saurópodos son, por el momento, escasos en el Jurásico de Asturias. De aquellos descritos y/o figurados (un fragmento de dentario, dos dientes, dos vértebras, una ulna), sólo uno ha podido ser identificado como un diplodocoideo, concretamente un diente de la Formación Lastres en Tazones, Villaviciosa. En esta nota se informa sobre una vértebra caudal de saurópodo, conservada en el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo con la sigla DGO-3500, que puede identificarse como un diplodocoideo diplodocino. La pieza fue encontrada por D. Francisco Toledo Ortiz en 1998 en La Felguera (parroquia de Celles, concejo de Noreña) al hacer una remoción de terreno en una finca particular.

La vértebra se encontró en un afloramiento de margas del Jurásico Superior (Kimmeridgiense-Titónico), y fue identificada como una vértebra caudal de saurópodo por José Vicente Santafé Llopis en un informe inédito del Institut Paleontològic Dr. M. Crusafont de Sabadell.
El hallazgo de esta pieza tuvo una gran repercusión mediática (La Voz de Asturias, 28, 29, 30 de septiembre y 1 de octubre de 1998; La Nueva España, 29 de septiembre y 15 de octubre de 1998), debido sobre todo a la polémica sobre donde debería depositarse.

Esta vértebra es, junto con un diente de terópodo de Ruedes (Gijón), descrito en 1858 como tiburón e identificado más tarde (1873) como Megalosaurus, actualmente perdido, el único resto de dinosaurio jurásico asturiano que no procede de los afloramientos costeros de la denominada “Costa de los Dinosaurios”.
DGO-3500 es un centro vertebral mal conservado; el arco neural esta fracturado y sólo se observan los pedicelos, y no hay evidencias de que los procesos transversos estuvieran situados sobre el centro. Es de gran tamaño (26 cm de longitud anteroposterior), de forma cuadrangular (no cilíndrica), presenta una superficie ventral plana, unas superficies articulares muy expandidas y más anchas que altas y pleurocelos relativamente grandes en las caras laterales. La forma alargada y la ausencia de procesos transversos sobre el centro indica que se trata de una caudal media.

La presencia de pleurocelos permite identificarla como un diplodocino, pues este carácter sólo se ha descrito en las vértebras caudales de los diplodocinos Diplodocus y Barosaurus del Kimmeridgiense- Titónico (Formación Morrison) de Estados Unidos y Tornieria del Titónico (Tendaguru Beds) de Tanzania
Los restos de diplodocinos son, por el momento, muy escasos en Europa. El único registro es una vértebra caudal anterior del Titónico-Berriasiense de Riodeva (Teruel; Formación Villar del Arzobispo). La vértebra turolense tiene una morfología distinta a la vértebra de Noreña (la altura y anchura del centro son mucho mayores que su longitud) por ser de una posición más anterior. Eso parece indicar que hay un grupo de diplodocinos al final del Jurásico, al menos en la Península Ibérica. Vamos a ver cuando se dispone de un material más completo para conocer cuales sus relaciones con los diplodocinos nortamericanos y africanos.

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